Son los años de la lenta gestación, llena de dudas que lo
llevan incluso a plantearse abandonar la literatura, de la
novela que le supondría la consagración definitiva: Cre-
matorio. Son también años de incertidumbres persona-
les: del abandono definitivo de su trabajo en la redacción
de Sobremesa, que le da una nueva libertad; de amigos
que fallecen; de fugaces encuentros sexuales, entre el
deseo y la decrepitud, porque el cuerpo ya no es joven; de
crecientes desengaños… Pero siguen muy vivos los entu-
siasmos de siempre; las películas clásicas que traen mo-
mentos de felicidad y las lecturas incansables, sagaces
y variopintas: Montaigne, La Celestina, La Regenta, Bau-
delaire, los cuentos de Poe, la Suite francesa de Némiro-
vsky, los diarios de Jünger, Ellroy… Y también los viajes
a varias ciudades: Nueva York, Berlín, París, Barcelona…





